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SAFARI
2.006
Hola a todos.
La del oso.
Por resumirlo de algún modo podría decir
que la experiencia ha sido acojonante, en el sentido figurado y en el
literal del término. Pero eso sería resumirlo demasiado.
Os cuento la batallita entera, porque
siempre hay gente sin nada que hacer (como yo en este momento), deseosa
de matar el tiempo.
Como os conté a través del foro estuve
cazando en Zimbabwe en Marzo de este año. Volví harto de caza; al menos
eso es lo que yo creía y lo que le conté a mi mujer. Lo cierto es que no
la mentí de mala fe: En lo último que podía pensar al tomar tierra en
Madrid es en meterme en otro viaje de caza. Llevaba ya unos día en
España y me encontraba cambiando impresiones con Orix del safari recién
acabado cuando saltó la liebre: "En Octubre me voy a Rumania...". Pues
ya me has jodido... pensé para mis adentros. La idea fue cuajando. Orix
tiene por costumbre (sana costumbre) conocer personalmente los destinos
antes de mandar los cazadores, para evitar la proliferación de
cazadores-cobaya que vuelven echando pestes de destinos y organizaciones
poco recomendables.
Había oído hablar mal de Rumania, más
concretamente de los organizadores rumanos: que si estiran la piel del
oso para medirla hasta límites insospechados para obtener la máxima
puntuación, que si lo desuellan haciendo trampa para falsear las
mediciones, que si el metro está trucado, etc., etc. es decir:
auténticas máquinas de sacar dinero al panchito de turno. Mi
razonamiento fue: Siempre será menos probable que me la intenten meter
doblada si voy con el agente en España que si voy de cruzada en
solitario. Este era mi argumento, o quizá sea sólo una excusa para hacer
lo que en verdad quería hacer: Ir a Rumania.
"¿Pero no acabas de decir recién aterrizado
de Zimbabwe que el safari ha sido un éxito (vaya si lo fue) y que estás
empachado de pegar tiros?¿Y ahora, Hala! a Rumania! Todo seguido, como
el pasodoble!!". Me inquiría mi mujer con cara de no entender nada.
Poco después tuve un serio problema de
salud que me hizo dudar de la conveniencia de hacer el viaje. Finalmente
me recuperé mejor de lo que yo mismo esperaba y decidí darme un homenaje
y transmití a Orix mi idea de ir a por todas: jabalí, oso, lobo...
Llegó el puente del Pilar, que era la fecha
prevista, y me reuní con Orix en el Aeropuerto de Madrid. Los trámites
fueron rápidos y nos embarcamos rumbo a Budapest (Hungría), para de ahí
pasar en coche la frontera con Rumania. En Budapest nos esperaba el
outfitter rumano, de nombre Mihail. Era un joven de cara aniñada, tez
blanca y ojos claros. Me rompió los esquemas: Yo pensaba que los rumanos
eran morenos, muchos de ellos gitanos, y casi todos con bigotón. Por lo
visto debe de ser un mito. "También la imagen en todo el mundo de un
español es la de un personaje que se pasa el día comiendo jamón y
toreando..." pensé.
Después de varias horas de coche algunas
cosas me sorprendieron: Tenía otra idea de la Europa del este. Me
imaginaba un país más caótico y pobre. Sin ser abundantes los detalles
de lustre, la verdad es que las condiciones de alojamiento, carreteras,
comidas, etc. me sorprendieron gratamente.


También hay que destacar que la caza allí es auténticamente salvaje,
siendo raros los cercones y mallas. Por otra parte me di cuenta de que
al oso se le ve con una dicotomía muy evidente: El gobierno como una
fuente de divisas y que por lo tanto hay que cuidar, y el hombre rural
agricultor-ganadero como un enemigo a exterminar. Algo parecido a lo que
ha pasado, y sigue pasando, aquí con el lobo; Pero con una diferencia
muy importante: El lobo "solo" come carne, y el oso arrasa con todo:
maizales, gallinas, frutales, panales de miel, huertas, terneros... Las
calorías que ingiere atrapando una oveja le costaría días y días de
vagar por el monte buscando raíces y bayas. Imaginad además la energía
que hay que gastar para mantener ese cuerpazo a temperaturas tan bajas.
Al final van a lo fácil y asaltan las huertas y los corrales. Por ello
son muchos los que mueren con lazos y venenos, y ello obliga a veces a
cambiar de cazadero por muerte de los osos que se pensaban seguros y
localizados en la zona.
Primer día de caza:
A primera hora tuvimos que ir a la oficina
del gobierno de la zona.
Un hombre de bigote, circunspecto y recio
en el trato nos recibió: D. Calchio (o algo así), alias Mr. Papelorum.
Tan era así que yo, anonadado ante su imponente presencia pensé que era
el dueño del área de caza. Parsimoniosamente nos relataba anécdotas
mientras rellenaba y rellenaba ingentes cantidades de papeleo y
documentos.
Nos ofrecía de forma compulsiva tragos de
paninka:Una especie de orujo típico de la zona a base de ciruela.
Con sus gafas de présbita parecía no tener
fin su avidez por escribir y escribir. Yo no entendía a que venía a
cuento tanto papeleo y me daban ganas de levantar la mano para decir:
"Yo solo venía a por un oso"
Medio cocidos por lo vasos de paninka que
nos habíamos metido entre pecho y espalda desenfundamos las armas bajo
la mirada de un grupo de 8-10 cazadores. Algunos son guardas del
gobierno. Otros son cazadores deportivos rumanos, y otros colaboran con
tal de llevar carne a sus casas. El sueldo medio allí son 100-150€ y el
precio de las cosas no está en absoluto proporcionado a esa realidad.
Para ellos medio jabalí es llenar el puchero muchos días y un buen
trofeo no es el que tiene un buen colmillo, sino el que tiene mucha
carne.
Había traído para la ocasión un arma que
pensaba que me podría valer para cualquier situación: esperas, batidas,
oso, jabalí, venado... Un Winchester en calibre 338WM con un visor Zeiss
3-12x56 con retícula iluminada. Orix desenfundó el tiragomas que
acostumbra: Un Máuser calibre 7x57. Yo le bromeaba: "Cuando te hagas
mayor tirarás con rifle de hombres".
El cazadero era de bosque caducifolio,
hayas, y en menor medida, robles. El suelo estaba sorprendentemente
limpio porque la luz no llegaba hasta él, y por ello era fácil para
cazadores y animales desplazarse a pesar de la aparente frondosidad de
la zona.


Me aposté
junto a Mihail y un tal Ion, jefe de los guardas de la zona y supuesto
conocedor de las querencias de los animales. Por supuesto a nuestros
pies el vaso de paninka, cuyo nivel misteriosamente nunca bajaba pese
que a que a esas alturas yo sentía que vivía agarrado al vaso.
Visto el puesto decidí quitar el visor. El
comportamiento de los jabalís era peculiar. Se oía claramente como
rompían monte (o mejor dicho como rompían suelo, porque era la hojarasca
del suelo lo que metía bulla). Cuando se podían vislumbrar en el fondo
del bosque como vagas sombras, se paraban para escuchar y tomar el aire,
para a continuación trotar unos metros más armando mucho estruendo y
volver a parar. Aproveché una de esas paradas para tirarles fallándoles
(yo creo que porque no les veía bien), y matarlos cuando venían en
carrera por su querencia hacia el puesto. Por supuesto más paninka para
celebrarlo. Nunca había tenido tanto calor haciendo tanto frío.


Ese día no vimos ningún oso. Por lo visto
jabalí y osos no son familias bien avenidas y procuran evitarse, sobre
todo los primeros a los segundos. Explicaron que en zonas de osos las
densidades de jabalí nunca son abundantes.
Al finalizar el día visita de rigor a la
oficina donde Mr. Papelorum se puso a rellenar ante nuestras barbas más
y más papeles.
Segundo día de caza:
A primera hora rogamos que nos ahorrasen la
visita burocrática a la oficina. Tuvieron clemencia y nos hicieron caso
pero, eso sí, nos amenazaron con una comida de celebración al día
siguiente teniendo como invitado estrella a Mr. Papelorum, que al día
siguiente andaría cerca de la zona de caza concursando con sus sabuesos.
Me dicen que vamos a una zona donde los
osos tienen muy cabreados por sus fechorías a sus pobladores. Realmente
no estábamos muy lejos de donde cazamos el día anterior.



Camino de los puestos uno de los guardas me
enseñó lo que según él eran excrementos de oso, sin dudarlo de que así
fuera, no era menos verdad que eran por lo menos del pleistoceno, por lo
que no me hicieron albergar muchas esperanzas. Poco después vimos en una
vereda húmeda una huella que si que parecía relativamente fresca.
Llegados a un hayedo Ion y un guarda de ojos claros que parecía el mejor
conocedor de los osos se pusieron a parlamentar sobre el emplazamiento
del puesto. Al final nos quedamos allí.

Por supuesto, lo primero que hicimos fue meternos en vena la dosis de
alcohol oportuna. Era una laderón de hayas estando yo acompañado por
Mihail y Ion en su parte más baja. El desnivel era considerable y a mis
espaldas discurría un riachuelo de aguas rápidas. Delante y a mi
izquierda tenía una pequeña hondonada y al otro lado de la misma había
otra ladera con árboles y matorrales dispersos. Me senté en una silla
que amablemente me cedió Ion apoyando mi espalde sobre el tronco de un
árbol porque la inclinación del terreno así lo aconsejaba. Mi
preocupación era que nunca había visto un oso (solo en los zoológicos)
al natural, y que cualquier animal, ante la emotividad de lance, me
pareciese tirable. Temía abatir un oso adolescente. Me tranquilizó
diciendo que el me diría si el oso merecía la pena. Ah! También me dijo
que bebiese más paninka. Cuando con mis gestos le quería hacer ver que
estaba al borde del coma etílico me miró con condescendencia como
diciendo: "Mierda de niñato..."
Llevaríamos una hora en espera cuando a
unos 50-60 metros cruzaba a toda pastilla por lo alto del monte lo que
yo creía que era un jabalí. Al encararme el rifle pude comprobar que en
verdad era un oso pequeño que corría despavorido. Después me contó Orix
que una hembra con dos crías quería cruzar entre dos puestos y el guarda
de ojos claros le había echado dos cojones y agitando los brazos los
obligó a volver a la batida. Probablemente se trataba de una de las
crías. Pensé que si por donde pasó el pequeño iba a pasar el grande
sería prudente poner el visor al rifle, y eso hice con gestos de
desaprobación por parte de Ion.
No pasó mucho tiempo cuando Ion señaló: urs
mare! (oso grande!)Había visto fugazmente un oso en la ladera que estaba
a mi izquierda. Se lo había tragado la tierra pero allí tenía que estar,
entre la maleza, a unos 60 metros de mi postura. El oso estaba escondido
calibrando la situación porque para entonces los ladridos de los perros
y los batidores voceando eran evidentes. Probablemente el oso estaba en
el dilema de que hacer: retroceder hacia atrás arremetiendo contra los
que venían metiendo ruido, o romper hacia delante por su querencia
intuyendo que algo raro se encontraría en su camino. Me levanté y me
adelanté un par de metros para buscar apoyo en una rama. Escrudiñé la
zona donde Ion me había señalado el oso poco antes. Con ansiedad buscaba
y rebuscaba con el visor en 5 aumentos intentando localizar un codillo
deseoso de recibir un tiro... Pasados unos segundos Ion dijo: "Urs
viene...". Me imaginaba al oso bajando perezosamente y bonachón al otro
lado de la hondonada y redoblé los esfuerzos por localizarlo con el
visor, pero no lo conseguía. Súbitamente, y mientras yo revisaba
impaciente lo que estaba a 60 metros, Imbécil de mí!! sentí como que EL
TERRENO SE LEVANTABA a escasos 15-20 metros de mí. Aparté la cara del
visor y observé espeluznado como una locomotora con pelos marrones
descarrilaba hacia abajo y sin frenos entre ruidos guturales. Su mirada
fija en la mía buscando paralizar por el terror. Podía leer
perfectamente como en su frente llevaba escrito: TE ODIO!. Totalmente
descompuesto y sintiéndome superado por la situación me encaro el rifle
(¿que otra cosa podía hacer?). Horror! Maldije en ese momento mi
atrevimiento al poner el visor poco antes. Con 5 aumentos lo que yo veía
era todo oso y la sensación de pánico aumentó en mí. Agigantada por el
visor aparecía ante mí una enorme masa peluda salpicada de dientes y
uñas.
Parece mentira lo que da de si la mente.
Incluso en semejante trance te da tiempo, en esa pequeña fracción de
segundo, a pensar cosas que se agolpan sin orden...:
-La primera:
¿Quien me habrá mandado a mí venir a
tocarle los cojones al oso a su bosque?. A fin de cuentas, en el fondo
es hasta majetón. Y que bien estaría yo en casita enmantado viendo "Aquí
hay tomate" a estas horas.
-La segunda:
Y no menos importante. Más me vale dejarlo
tieso y clavado con el primer tiro, porque si baja de semejante mala
hostia estando sano, ni me quiero imaginar en lo que se puede convertir
estando herido...
-La tercera:
Mientras apuntaba a todo con mi visor sin
saber donde tirar yo ya no sabía si el oso estaba a 10 o a 1 metro de mí
y a punto de ser su aperitivo. Os digo de verdad que el visor en estos
casos es torturante. No calibras ni la distancia ni el peligro.
Sin saber si apuntaba al escroto o a la
rabadilla apreté el gatillo. Al desencarar el rifle para ver QUE ESTABA
PASANDO (es tragicómico pero es la puta verdad) observé con alivio dos
cosas: Por una parte que yo estaba entero y sin rasguños, y por otra que
el oso había desviado su trayectoria y pasaba escasos metros a mi
izquierda cuesta abajo hacia el arroyo. Con disculpable torpeza (estaba
completamente shockado por la escena) recargué y le envié otro tiro que
yo creo que se fue trasero.
Se hizo un silencio ominoso mientras MIhail,
Ion y yo nos intercambiábamos miradas. El lenguaje de la caza es
universal, sin hablar una palabra las miradas lo decían todo. ¿Como
estaría el oso?: Tocado?, Moribundo?, muerto? ILESO? No sabía a que
carta quedarme.
En esas estábamos cunado comienza a sonar
una ensalada de tiros 40 metros hacia abajo, en el arroyo. Suenan al
menos 15 o 20 tiros, todos ellos en la misma posición. Comienzan a
gritar y vocearse en rumano. Pregunto que ocurre. Me dice Ion que el oso
está recostado, malherido en el riachuelo y que intentan asustarlo para
que suba de nuevo por su cauce hacia nosotros. Me contaron más tarde que
el oso busca los arroyos y ríos para morir. Le dije que no hacía falta y
que si Mahoma no va la montaña que sería la montaña la que iría a donde
Mahoma: Que yo iría a rematarlo. Ion me replicó que ni hablar del
peluquín porque era muy peligroso.
Tras más tiros infructuosos se hizo de
nuevo el silencio. Poco después escuché la ladra de los perros a parado
y fue rematado de un tiro por el peligro que suponía para cazadores,
batidores y perros.
Conté los pasos que separaban el arbolito
en el que me apoyé y las huellas más próximas del oso en su carga: 9
pasos largos, más o menos 9 metros. Los medí porque sentía que había
vivido algo difícil de creer.




El resto del día transcurrió entre tragos
de panika y la visita a papelorum para rellenar más y más trámites. Lo
de ese hombre tenía su miga.



Tercer día de caza:
El objetivo del viaje estaba colmado.
Hicimos un par de ganchos a los jabalís por
la mañana.



Fuimos a comer a la casa de uno de los
guardas donde nos ofrecieron todo lo que tenían.

Apareció Mr. Papelorum con su portafolios debajo del brazo(cómico lo de
verle entre vacas y con el maletín). Llegó henchido de gozo y de
documentos que acreditaban que sus perros habían arrasado en el
concurso.
Me gusta traerme cuando viajo un recuerdo
personal de las personas con las que cazo. Con la visión nubosa por el
alcohol me fijé que el guarda de ojos claros portaba en el cinto un
cuchillo con asta de venado de aspecto artesanal. Estaba a punto de
ofrecerle dinero por el cuchillo cuando me dijo que era un recuerdo de
su hijo que vivía en España. se lo había hecho su hijo y con él se había
defendido de tres osos llegando a malherir a uno de ellos. Me pareció
mezquino ofrecerle dinero por algo así. Ofrecerle 50 euros sería
tentarle con la mitad de su sueldo y probablemente hubiese accedido.
No hubo sorpresas desagradables en la
oficina a la hora de las mediciones y los pagos, a pesar del miedo que
tenía a ese momento. Fueron gente seria y honesta y la presencia de Orix
también ayudó.



Con la nostalgia de las sensaciones vividas
hicimos noche en la carretera de regreso a Budapest e hicimos un viaje
de retorno sin incidentes en cuanto a vuelos o maletas.
Rumania me parece un destino muy atractivo:
Sus gentes son encantadoras, te permiten involucrarte en sus costumbres
y su rutina de caza. Sus trofeos, por calidad y variedad son destacables
y permite hacer cacerías de 3-4 días con las consiguientes ventajas a
nivel familiar y laboral.
Quiero agradecer a Orix el éxito de la
cacería (no es la primera vez) y su generosidad como compañero de caza.
Saludos y buena caza.
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